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-Virtuoso del corcho y redescubridores de la madera

http://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2017/03/13/58c6674922601d9a488b4636.html 15-03-2017 | Visitas: 1195

Con solo 25 años, Iván Tortajada es el líder de la última generación de artistas que trabajan haciendo fallas infantiles con técnicas del siglo XXI. De su taller han salido muchos primeros premios de falla y se le reconoce el mérito de lograr una depuración técnica que a otros artistas les ha llevado toda una vida. De la experimentación con los materiales surgen los elogios para Anna Ruiz y Giovanni Nardin. Desde Valencia e Italia, tras aprender de los forjados de hierro y la delicadeza del modelado en barro, fusionan sus aptitudes para la falla municipal infantil. Un trabajo que invita a la lectura, a la participación, y a experimentar con la madera; el nuevo diamante en bruto.

Iván Tortajada: un virtuoso del corcho

En las estanterías del taller permanecen sus referentes. Dos bustos angulosos de una cabaretera de época que Julio Monterrubio modeló para la falla del Pilar, como interpretaciones reiteradas de un Tortajada adolescente, que admiraba tanto sus líneas que jugó a copiarlas. «Creo que Monterrubio es el artista que nos ha marcado a todos, es el referente, pero también me han influido Paco López o, más recientemente, José Gallego», afirma haciéndose portavoz de tantos fans del artista renovador de las fallas de los años 90, y que creó escuela.

A Tortajada se le considera ya un maestro del proceso de esculpir piezas con polietileno expandido y consigue cualquier forma por compleja que parezca sobre el papel. No renuncia al corcho pero de vez en cuando le gusta probar con otros materiales. «Este año hay una escena de árboles, por ejemplo, en la que se me ocurrió hacer un molde y recuperar la técnica del cartón», justifica. «En la facultad aprendí a dar sentido y justificar todo lo que hago; y tengo siempre en cuenta aquello de que lo más revolucionario es volver al origen».

 

 

Unos orígenes que para Tortajada son muy lejanos, e incluso le queda lejos la época en la que todas las fallas se hacían de cartón piedra y madera. Es un millennial y algunos de sus referentes estéticos editan libros ilustrados en inglés y tienen cuenta en Instagram. «Me gustan mucho Carlos Corredera en las fallas, y otros dibujantes como Roger Olmos, Mayalen Goust, Nate Williams o Riccardo Guasco».

Sus fallas de corcho blanco imponen por su ostentosa forma de ensamblar volúmenes, que a veces muestran anatomías discontinuas y virguerías en el tratamiento de los cabellos. «Los volúmenes más grandes sería difícil no hacerlos en corcho, porque el proceso de digitalización ha permitido adelantar mucho y, por ejemplo, en tres días podemos tener las figuras preparadas». Explica que es un material con el que se siente completamente libre, «porque con un trozo de corcho eres espontáneo y de una silueta surge una figura que no esperabas».

Si se fomentara el uso de otros componentes menos contaminantes, Tortajada lo tiene claro: «seguiría haciendo fallas a mi estilo; me han enseñado a resolver propuestas con distintos materiales; si te limitan el uso de unos tú mismo tienes que darle una vuelta de tuerca a tu forma de hacer y siempre acabas encontrando la solución para lo que buscas».

En este segundo año en la máxima categoría, considera que presentará un trabajo más estudiado, sobre todo en la composición. Su falla Fent Camí, para Maestro Gozalbo-Conde Altea es un juego aéreo de pequeños volúmenes que hablan sobre movilidad, direcciones y rumbos. «Suelo hacer fallas concéntricas, pero este año es una composición expansiva partiendo de la rosa de los vientos, y he intentado que todos los ángulos tengan protagonismo, que no solo tenga una cara frontal». Una de esas caras será un remake del ninot indultat de 1958, de Regino Mas: unas abuelas en moto.

«De todos los talleres aprendes algo. Entré por casualidad de aprendiz en talleres cercanos, el de Toni Sales, el de Espinosa, el de Francisco Mesado, y también he colaborado con otros artistas, pero el volumen de trabajo me obliga a centrarme ahora en un único proyecto», asevera mientras observa una cantidad de figuras para su segunda aventura en la máxima categoría.

Cuando nació la técnica del modelado en polietileno expandido, a mediados de los noventa, la plástica fallera sufrió un cambio abrupto. Grandes volúmenes y una torpeza con las nuevas herramientas permitía menor grado de detalle. En muchos casos, las extremidades anatómicas y accesorios se continuaban haciendo de cartón o pasta de porcelana para conseguir la minuciosidad requerida. Pero las nuevas generaciones, como la que representa Tortajada, han convertido el corcho blanco en el material polivalente, con el que se puede plasmar todo. En su taller, una pila de corcho en distintas densidades le suministran todo tipo de texturas y formas.

 

«El corcho nos ha permitido mayores volúmenes y una composición más aérea, pero no tendría ningún problema en investigar con nuevos materiales, porque en Bellas Artes nos obligaron a conseguir resultados parecidos con diferentes procedimientos, y estoy preparado para los cambios que puedan surgir o para recuperar el trabajo en cartón».

Lejos de los tradicionales ninots cabezones, Tortajada se adentra en un mundo de composiciones sinuosas y detallismo llevado hasta la máxima expresión; un nuevo horror vacui de líneas rectas y curvas, de colores armónicos y reservas que hacen efectos de luces. Es lo que le gusta hacer, y cree que también gusta a los niños. «Sería positivo contar con niños en el jurado para ver su reacción porque, por ejemplo, en las hogueras de Alicante se aceptan algunas cosas que nacen por impulso creativo, y aquí si las haces creen que estás vendiendo la moto».

No renuncia a hacer crítica mediante sus fallas para niños. De hecho, en un trabajo reciente atajó el respeto a la diversidad para mejorar en tolerancia entre razas y respetar cualquier orientación sexual. «Creo que se puede dar mensaje en fallas infantiles, y algunos detalles del contenido pasan desapercibidos para los adultos porque se centran más en otras cosas». Tortajada tiene toda su trayectoria profesional por delante, y el reto de seguir haciendo fallas didácticas sin renunciar a las formas que atrapan al espectador en un torbellino de color imparable.

Anna y Giovanni redescubren la madera

Anna Ruiz y Giovanni Nardin se autoimponen aquello de no caer en la comodidad, no repetirse, e investigar todas las posibilidades de los materiales con los que deciden trabajar en cada falla. Este año, la infantil de la Plaza del Ayuntamiento mostrará una exquisitez de tallas y volúmenes en madera, hasta alcanzar el paroxismo del detalle, la síntesis y la abstracción. Todo, para animar a la lectura, a descubrir historias de fantasía. Porque todo sigue estando en los libros.

La falla Descobrir i redescobrir supondrá un elogio al material que habitualmente solo se utilizaba en fallas para hacer estructuras internas. Demostrarán que si la madera se desbasta con lucidez y minuciosidad se puede convertir en un diamante. La carpintería viene acompañada por un trabajo paralelo en cartón piedra, con la técnica tradicional de molde sobre barro; extinguida en los talleres con la llegada del corcho.

«Primero vino la idea, ilustrar cuentos que nos gustan; pero enseguida sabíamos que para llevarla a cabo utilizaríamos la madera», explica Anna. A lo que Giovanni apostilla que «las ideas vienen en forma de imágenes y en este caso teníamos claro que las ideas nos iban a llevar a esto».

Pese a que Giovanni lleva ya muchas exhibiciones de carpintería artística y Anna acumula una trayectoria figurativa y de estudio anatómico, aquí han fusionado habilidades. «Estoy más acostumbrada al cartón y Giovanni a la madera, pero los dos hemos participado en las dos técnicas, las hemos compartido», explica Anna. El tándem es perfecto: «cuando trabajan dos personas juntas tiene que haber mucha conexión», apuntan.

En su estudio las cosas no se hacen porque sí, ni por repetición, sino con una intención siempre creativa, sin lastres ni prejuicios. Ahora, que la sociedad empieza a tomar conciencia de la necesidad de reutilizar y reciclar, de ganar en sostenibilidad, ellos deciden arriesgarse a construir una falla que incluye muchos materiales desechados; algo que les recuerda a sus inicios. «Yo siempre he trabajado con lo que otros consideraban basura. En mi primer contacto con el metal, en Italia, me dijeron que mi material no lo podía coger del taller, que saliera a la calle a recogerlo de los desechos», cuenta Giovanni. Muchas formas y figuras están compuestas por restos de material de carpintería, lo que para otros talleres habría sido pura morralla. «Se parece a la técnica que Giovanni utilizaba para trabajar el hierro, pero llevada a la madera», comenta Anna. Clavos y grapas son el único elemento de unión para una enorme cantidad de maderitas de diferentes tamaños y formas.

Anna Ruiz lleva tiempo experimentando con materiales tradicionales, como la parafina, el papel, o el cartón aglomerado, tratado como bloque escultórico. Giovanni, en cambio es experto en hierro y madera. Pero nunca habían realizado figuras con tanto nivel de detalle como ahora, con el material más purista de las fallas, el que permite una cremà vistosa y duradera. No les ha parecido mucho más complejo que otras técnicas. Giovanni lo explica: «lo que te guía siempre es una imagen, el paso difícil ha sido lograr acabados concretos, más afines al modelado, trasladados a madera; pero ha sido interesante porque en la madera he encontrado técnicas afines a mí».

En el taller se han tenido que agenciar nuevas herramientas. A los pinceles, cartón, clavos y tornillos han añadido gubias, tornos y han diseñado sus propios instrumentos. «Hemos tenido que contar con una maquinaria que no teníamos; una simple clavadora, lo que pasa es que veníamos de la escuela manual. Antes con un martillo y un serrucho lo hacíamos todo», comenta Giovanni. «Desde la facultad, hemos desarrollado las ideas de esta manera, hemos sido muy de taller, tanto con piedra como con madera; ese bagaje nos ha permitido hacer esto», cuenta Anna. Hasta ahora, la madera en las fallas solo se utilizaba como estructura para esconderla, y aquí se revaloriza hasta el punto de trasladarla al acabado; como si se tratase de un juguete.

El proceso de construcción contó con varias invitadas: las niñas de la Corte de Honor y la Fallera Mayor Infantil de Valencia visitaron el taller y participaron armando una figura. Cada una diseñó una rata que seguirá al flautista de Hamelín. «Fueron un torrente de creatividad, les dejamos hacer y generaron una acumulación de piezas muy interesante, y ellas mismas se cuestionaban cómo era el método para abstraer la figuración y encontrar un sentido a lo que hacían», narra Giovanni. «Nos llamó mucho la atención que una de ellas dijo mirad qué feo, y cuando le pedimos que argumentara por qué era feo respondió que era raro y no sabía identificarlo», algo que para Anna abre el debate sobre la abstracción en el arte, y da pie a educar en materia de creatividad. En definitiva, la falla infantil municipal habla de muchas formas de descubrir y redescubrir, y no solo a través de la lectura; sino en la capacidad para aceptar formas nuevas de expresión, lenguajes artísticos y un nuevo enfoque a cualquier planteamiento creativo. Las fallas, en este sentido, son un libro en blanco.

Habrá horarios para que los niños visiten la falla en su interior y toquen las piezas, algunas de ellas tienen movimiento. Los 32 cuentos que aparecen ilustrados incluyen historias muy reconocibles y otros materiales de lectura más compleja. Buscan mostrar todo tipo de narraciones didácticas. «Todo el mundo ha leído El Principito, pero si lo vuelves a leer de mayor lo entiendes de otra manera y queremos animar a redescubrir estas lecturas», propone Anna con el mismo entusiasmo de una niña. «De vez en cuando debemos dedicar tiempo a nuestro momento de niño, es importante no perder esa visión», explica Giovanni. Juntos emprenden una aventura épica y encomiable.

 

 

 

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