La madera, al provenir de un ser vivo, los árboles, puede tener señales
que delatan la existencia de una o varias enfermedades en ella. A diferencia
de lo que a veces pensamos, es muy fácil llegar a una solución para que
este material se pueda aprovechar y no se vea afectado por parásitos
o podredumbres. El truco está en coger los problemas a tiempo o,
simplemente, intentar prevenirlos.
La primera de dichas enfermedades es la pudrición, que aparece
a través de la desintegración de los elementos químicos que forman
parte de la savia. Los agentes causantes son determinados tipos de hongo.
Podemos distinguir entre la pudrición blanca y la azul. La blanca, que
es seca, tiene tal denominación debido a que aparece en forma de
una masa de color muy claro, casi blanco. Surge, sobre todo, cuando este
material ha estado en contacto con humedades.
La azul brota en los árboles que se cortan, pero que no se transforman
en madera inmediatamente y se mantienen con la corteza durante mucho tiempo.
Se llama así porque en el pino la blancura se azulea intensamente, aunque
en otras especies adquiera un color diferente (en la encina toma un color
pardo, en el abeto rojo, depende del ejemplar). Cuando la enfermedad no
está avanzada es posible darle uso a la madera, con la condición de que
se sierre de forma inmediata y se instale en un lugar frío y seco.
Para prevenir la putrefacción conviene darle una capa de barniz con aceite
de linaza, pinturas al óleo o alquitrán. Con el fin de conseguir tablas
más dura
s y que adquieran un mayor peso, se puede impregnar con creosata
o con sales metálicas como el sulfato de cobre.
El moho de los hongos
Otra de las enfermedades que puede padecer este material es la aparición
de moho, debido al ataque que sufre de los hongos. Si se extienden
de forma rápida, pueden producir su destrucción total. Los identificamos
por la aparición de erupciones de color blanco en la superficie. Se originan,
sobre todo, en lugares húmedos.
Si no te ves capaz de reconocerlos con seguridad, lo puedes comprobar
dándole unos golpes, ya que cuando es atacado por estos agentes, el sonido
de la madera es muy apagado. El modo de prevenir los mohos es situar la
madera en un lugar donde los hongos no puedan tener un buen medio de vida.
Si ya padece esta enfermedad, una solución puede ser aplicarle un chorro
de aire caliente (a más de 60º), quitando después la parte dañada y dándole,
por último, una capa de cemento.
Insectos y parásitos de la madera
Cuando hablamos de carcoma no sólo nos referimos a un defecto sino
que, además, significa que los insectos ya han depositado sus larvas en
el tronco. Forman galerías que muchas veces están construidas sin salida
al exterior y, por eso, puede que no los veamos, pero que sí oigamos
el ruido que producen al roerla. La forma más habitual de paliarlo es
inyectando en las galerías ácidos fuertes que acaben con ellos. Si lo
que quieres es prevenir su aparición, puedes hacerlo dándoles una capa
de barniz.
Otros
agentes destructivos son las termitas. Aunque no son muy comunes
en España, sus plagas son muy peligrosas en otros países
porque pueden llegar a destruir una casa de madera en muy pocos meses.
Suelen actuar en la madera vieja y su objetivo fundamental es alimentarse
con sus componentes. Para acabar con ellas, podemos utilizar productos
insecticidas específicos.
Por último, no hemos de olvidar que otras pequeñas molestias pueden
hacer de la madera un material inservible: es el caso de los escarabajos
llamados anobios y de las polillas.